jueves, 26 de febrero de 2015

El Obispado considera que la fractura del Cautivo afecta a la imagen de las cofradías de Málaga




La situación generada «la tienen que arreglar los cofrades de la hermandad", asegura Carlos Ismael Álvarez, nombrado comisario tras la dimisión del hermano mayor

El Obispado de Málaga adoptó finalmente ayer la decisión de intervenir la Cofradía del Cautivo tras los últimos acontecimientos de enfrentamiento entre cofrades vividos en el seno de la popular hermandad trinitaria, unos hechos que la Iglesia considera como «graves», según expuso en un comunicado, y que la han llevado a poner al frente de la corporación a una persona ajena pero experta en estas lides: el exhermano mayor de la Archicofradía delPaso y la Esperanza Carlos Ismael Álvarez García. Aunque su nombramiento como comisario del Cautivo era un secreto a voces, no se hizo oficial hasta ayer por la tarde, una vez que el delegado diocesano de Hermandades y Cofradías, Antonio Coronado, comunicó oficialmente su designación a este veterano cofrade.

Tras aceptar el puesto, Álvarez se dirigió a la parroquia de San Pablo donde, según comentó a este periódico, rezó un padrenuestro ante la imagen del Señor de Málaga y conversó con el director espiritual de la cofradía. Acto seguido fue a la casa hermandad para una primera toma de contacto con sus hasta ahora máximos responsables, entre ellos Juan Bautista, que ayer hizo efectiva su dimisión como hermano mayor ante el cariz de las disputas registradas en el cabildo del pasado lunes, que fue suspendido sin que finalizara, tras lo que hicieron acto de presencia en la cofradía agentes policiales, avisados por Bautista, para evitar posibles agresiones.

Bautista justificó su dimisión en el agravamiento de la división interna de la hermandad y en que no quería ser «un obstáculo» para el Obispado tomara definitivamente cartas en el asunto, una situación muy complicada que se ha acentuado en los últimos meses y semanas y que tuvo un punto de inflexión en la dimisión forzada del anterior hermano mayor, Juan Partal, el pasado otoño.

Para el hasta ayer máximo responsable de la cofradía, calmar las aguas delCautivo, el reto que ha asumido Carlos Ismael Álvarez, no es una labor de meses «sino de un año como mínimo». «Creo que se necesita tiempo para que cada uno asuma sus decisiones y todo se normalice», dijo.

Por su parte, el nuevo comisario diocesano aseguró que no tiene plazo para desarrollar su trabajo y que su prioridad será la de organizar adecuadamente la salida procesional de la cofradía el próximo Lunes Santo, ya que esta intervención le ha llegado a la hermandad del Señor de Málaga en plena cuaresma.

«Por mí no va a quedar»

«Todos me dicen que es un marrón pero los cofrades llevamos en el ADN no tangarnos –expresión utilizada coloquialmente en Málaga para los que no meten el hombro en los tronos–, así que por mí no va a quedar», confesó Álvarez, quien no obstante añadió que la situación generada «la tienen que arreglar los cofrades del Cautivo» y que procurará estar el menor tiempo posible en el puesto.

Para ejercer como comisario, Carlos Ismael Álvarez tiene la potestad de rodearse de personas también ajenas a la cofradía, pero según anunció ayer creará una permanente o ejecutiva formada «por cuatro o cinco personas de la casa», es decir, de la propia hermandad. No es la primera vez que realiza esta labor, ya que el Obispado también recurrió a él a finales de 2011 para que pusiera orden en el conflicto generado en la Cofradía del Rocío a raíz de su proceso electoral.

En este caso, su labor se presume un poco más complicada por las diferentes facciones de cofrades generadas en el seno del Cautivo para aspirar a hacerse con su gobierno en unas elecciones que, inicialmente, estaban previstas para después de la próxima Semana Santa y que ahora se quedan en el aire. Un panorama que el propio Obispado definió ayer como «de fractura» y que se ha traducido en unos episodios de disputas «que afectan tanto a la vida interna de la hermandad como a la imagen de las hermandades y cofradías de nuestra ciudad», lo que demuestra la magnitud que ha llegado a alcanzar este conflicto para la Iglesia.

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