EN CUARENTENA
«Canalillos vetados: prohíben minifaldas, escotes generosos, labios rojos y medias de rejilla en la Semana Santa de Alicante»
Cuando el místico censor sevillano leyó la noticia en el periódico digital de válvula no dio crédito. Sonrió, asintió e imaginó. Y creyó recordar aquella frase que empleó un doctorando que no sabía hablar del tema propuesto y que se salió por la tangente en plena exposición: «En Murcia Salzillo y en Alicante Castillo». ¿Y por qué no en Sevilla? pensó el místico de salón. Era el momento de poner coto a tanta desmesura y de poner las cosas en su sitio. No prohibiría pero sí sugeriría, fraternalmente y desde la búsqueda del bien y de la rectitud que nadie le había pedido. Paja en todos y cada uno de los ojos ajenos…
Negro estricto en el atuendo de las mujeres florero, perdón, testimoniales, de la foto de la junta de gobierno. Y siempre en segunda fila, así no se le verían la piernas… ¿Pregones femeninos? Tras atril de madera de pino de Flandes y bien barnizado. Y cuando llegue la hora, que parece que no es la hora y nunca lo es. Separación por sexos en la cola, perdón, fila, de la renovación de reglas, no se fueran a desviar las intenciones. ¿Conciertos de bandas mixtas en las iglesias? Todos vestidos de saco y con programa previo con Nihil Obstat, no fueran a interpretar temas libidinosos como In Paradisum, Consumatum est o Consolatrix Aflictorum…
Quedarían prohibidas las acompañantes: fuera del cortejo la novia del corneta con su microfalda modelo Gandia Shore, fuera novias de costaleros imitadoras de laHastanunqui del Gran Hermano Vip, fuera señoras con lycras de chino de barrio, fuera la preste del manojo de globos (de helio) que marcha tras el palio, fuera nazarenas a las que se viera la coleta, que eso queda para los machos alfa de los círculos morados; fuera monjas de las presidencias, que eso quedaba para reservado para frailes ociosos, académicos de la nada y militares gran reserva; fuera reporteras televisivas, que el micro, como Soberano, era cosa de hombres; fuera trasparencias en blusas de Domingo de Ramos, que la única transparencia permitida sería la de las camisetas pelotilleras de los aguerridos costaleros; fuera hombros al aire, reserva espiritual de barrigudos costaleros y fuera canalillos de todo tipo, que eso quedaba reservado para las noches televisivas de canal resucitado con dos números parecidos al 4 y al 7… Puestos a quitar, hasta María Magdalena podría ser retocada en su talla y su policromía, que van como van y pasa lo que pasa…
El delirio del censor actuó. Se recomendó. Se actuó. Y hasta se impuso. Una Semana Santa decente como Dios mandaba… Eso pensó al terminar la Semana que es una vida. Y recordó la frase del doctorando: «En Murcia Salzillo y en Alicante Castillo». Consiguió una Semana Santa con la perfección de un tanatorio: Sevilla no rima con Castilla. Aunque los malos poetas lo intenten…
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